La noche del 10 de octubre de 2015, una noche cálida
donde el frío no invadía hasta los huesos, se organizó una pequeña velada en
San Luis Apizaquito, coordinada por la familia Montiel en su rancho, donde
fueron invitados algunos amigos y familiares cercanos de la familia.
Al dar las 7 de la noche mi hermana y yo acompañadas
de la esposa de mi tío Israel llegamos al rancho, y como era de esperarse mis
primos ya nos esperaban con los brazos abiertos, dispuestos a llenarnos de
abrazos y besos, al bajar de la camioneta, antes de que mis primos pudieran
saludarnos, se abalanzaron sobre nosotras los perros guardianes que viven en el
rancho, 5 perros todos brincándonos y haciendo fiestas, mientras sus colas se movían
entusiastas por nuestra llegada, una vez que los perros nos recibieron, pudimos
saludar a nuestros primos, quienes intentaban hacer un hueco entre los perros
para poder abrazarnos, después de recibirnos, pasamos a la cocina que es el
primer cuarto que esta al entrar a la casa, y llegamos a el cuarto principal,
una pequeña sala, con sillones cafés viejos y desgastados y una pequeña televisión,
color negra colgada en la pared, lo primero que hicimos al llegar fue aventar
nuestras maletas y salir de la casa.
Cuando llegamos al patio, seguimos por un corredor
hasta llegar al establo, el primero en recibirnos fue Maximus un caballo grande
con una franja blanca sobre la nariz y con la cola trenzada a un lado de él
estaban las dos yeguas estrella y luna, ambas de color café, sin embargo luna
se diferencia por las diversas manchas blancas que tiene sobre su cuerpo que la
hacen parecerse a una de las yeguas que salen en la película de
"Spirit", del otro lado de Maximus se encontraba el nuevo potrillo de
la familia, un caballo bebe aún sin nombre, café y pequeño pero lleno de energía
que me empujaba con su trompa para ser acariciado.
Al seguir por el corredor encontramos a los becerros y
las vacas que estaban siendo acomodadas y listas para guardar al mando de mi
primo y por último se encontraban los "cuatro fantásticos" que son
cuatro cerditos completamente rositas con un peso 300 o 400 kilos cada uno.
del otro lado mi tío estaba alistando la fogata, y las
casas de campaña , así que mis primos mi hermana y yo decidimos ayudarle a
instalar las casas y armamos las casas para poder situarlas, después de llevar
las casas al lugar donde iban a quedar para dormir, entre a la casa y ayude a
mi tía a preparar lo que faltaba para la cena, cortamos jitomate, cebolla,
zanahorias, y los jalapeños, y los pusimos en un traste cada cosa por separado,
y empezamos a acarrear las cosa al lugar del campamento.
Al dar las 9 de la noche los invitados comenzaron a llegar,
y a acercarse a la fogata, pues el frío era incesante y cada vez más intenso,
al principio se podía ver a los invitados un poco distantes y dispersos, sin
embargo, no paso mucho tiempo para que se empezaran a integrar y se iniciara el
ambiente, algunos ayudaban a servir el café, mientras otros abrían galletas y
las rolaban.
Como fue pasando el tiempo el ambiente fue más ameno,
y el primer juego de la noche fue, "la papa caliente", podías ver la desesperación
en la cara de todos por pasar rápido la pelota, y evitar el castigo, había
rizas, el fuego de la fogata, parecía acoger a todos con su calor y nos unía en
un ambiente tranquilo.
Después de jugar un rato decidimos dar paso a la cena,
asamos salchichas, y comenzamos a preparar los hoy dog y a repartirlos, muchos
de los que estaban ahí empezaron a platicar entre ellos, y para no perder la
convivencia grupal, mi tía decidió iniciar a contar historias de terror, así
fue como la noche avanzo con leña consumiéndose bajo la fogata, historia tras
historia aterrorizando nuestra imaginación, y la noche acogiéndonos en total
obscuridad.
al dar la 2 de la mañana iniciamos el juego más viejo
que podría existir, las escondidillas, ya todos atemorizados con las historias
de terror y la noche obscura que caía sobre nosotros, nos aventuramos a jugar
escondidillas, algunos se escondían debajo de los tractores, otros atrás de las
casa de campaña, y algunos más valientes, que se escondían con los animales del
rancho, mientras a lo lejos se escuchaba la voz de alguien más que contaba
hasta 30 y empezaba su búsqueda, podías escuchar la risa de algunos seguido del
típico " un dos tres por..." , y de gritos porque alguien maldadoso
asustaba a otra persona.
Después del juego ya cansados por tanta actividad, y
ya casi dando las 4 de la mañana, se organizaron todos en equipos para dormir
en las casas de campañas, listos para descansar, fue ahí donde la velada en el rancho
de San Luis termino, con una fogata consumida, los restos de café en una olla,
y los sonidos de los animales que acompañaban la fría madrugada del 11 de
octubre de 2015
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